Como todos los años por esta época se van a llevar a cabo las actividades de la Cuaresma Cultural, organizadas por el Real Cabildo Superior de Cofradías Pasionarias de Yecla y la Concejalía de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Yecla.
El sábado 7 de marzo, durante el acto del Pregón de la Semana Santa que se va a realizar en la Capilla de la Virgen de las Angustias a las 18:45 horas, a cargo de Francisco Muñoz Ortega, se llevara a cabo una actuación musical a cargo de “Javier Vizcaíno "Ensemble” formado por nuestros compañeros de la Banda Sinfónica David Pérez, trompeta, Cecilia Ortuño Gil, saxo, Ander Pérez Andrés, bombardino junto a Javier Vizcaíno, piano.
Durante la misma se interpretarán varias obras compuestas por Javier Vizcaíno, quien nos ha comentado lo siguiente sobre dicho concierto.
“Con motivo del Pregón de Semana Santa que se llevará a cabo el sábado 7 de marzo en la Capilla de la Virgen de las Angustias en la iglesia de san Francisco, se me encargó, por parte del Real Cabildo Superior de Cofradías Pasionarias de Yecla, la actuación musical que acompañará al pregonero Francisco Muñoz Ortega. Al principio del acto, se interpretarán dos composiciones mías: Meditaciones en la Noche Santa, obra encargo de la Cofradía del Stmo. Cristo de la Buena Muerte y María de la Estrella, que desde 2020 acompaña musicalmente al Vía Crucis que dicha cofradía realiza en Cuaresma al cementerio, así como en la procesión del Viernes Santo. La segunda obra a interpretar será Rhapsodia Gloriae (Rapsodia de Gloria), que tendremos la oportunidad de interpretar en estreno absoluto antes del pregón, y otras propuestas posteriores que el público seguro que identificará.
Hay un contraste plenamente buscado entre estas dos obras: mientras la primera se sitúa en el momento en que "la luz del mundo se convierte en hielo" (Lope de Vega), la rapsodia encarna lo opuesto, el resurgimiento de esa misma luz.
Meditaciones en la Noche Santa.
Para el místico doctor (San Juan De la Cruz), la muerte de Jesús es una experiencia de "aniquilamiento del alma sin consuelo y alivio alguno", un despojamiento absoluto.
Musicalmente en esta obra, este concepto de "aniquilación" puede traducirse en una economía de medios y una textura ligera que se despoja de lo accesorio. Está más pensada como un acompañamiento sereno, de profunda tristeza en algunos pasajes, aunque no busca el pesimismo como eje absoluto, sino siempre como una preparación para la luz. Así como para Unamuno Cristo es el "Hombre muerto que no muere", y su cuerpo blanco en la cruz es un espejo que refleja la luz del Sol eterno, esta "luz lunar" es una luz que, aunque pálida y nocturna, atestigua que el Sol (la divinidad) sigue vivo y presente detrás de la muerte a pesar de todo.
Rhapsodia Gloriae.
La segunda obra que interpretaremos quiere ser un impulso vehemente de esperanza, y a la vez un impulso alegre que no se queda en lo superficial, conquistado tras la seria meditación de la primera. Pero no es solo una pieza alegre sin más, es casi una protesta dictada por el amor contra la desesperanza, una melodía que brota de la memoria y se proyecta siempre hacia la eternidad, el triunfo de la vida.
Etimológicamente, el término “rapsodia” es, en sí mismo, una declaración de principios formales y emocionales. Su etimología —rhaptein (ensamblar) y aidein (canción)— sugiere una obra que "cose" diferentes afectos y temas en una estructura libre e imaginativa. La rapsodia, tal como se desarrolló en los siglos XIX y XX por compositores como Liszt, Brahms o Gershwin, se caracteriza por ser una obra de un solo movimiento, rica en contrastes y con un carácter a menudo improvisatorio. Esta libertad formal celebra, ante todo, la libertad del espíritu. A diferencia de la primera pieza, que es meditativa y quizá estructuralmente más cerrada, la "Rapsodia de Gloria" debe ser percibida como una superposición de ideas musicales únicas que fluyen libremente. Es una "canción ensamblada" que, al igual que los antiguos rapsodas homéricos, recita la epopeya de la vida que renace, situando la esperanza como motor vital, situando la gloria no como un estado final estático e imperturbable, sino como un impulso vital de crecimiento y completitud. "La esperanza es hambre de nacer del todo", dirá María Zambrano.
La música quizá sea el arte que más se acerque en ocasiones a la utopía y plenitud que todavía no existe pero que ya late en el deseo humano. De esta manera, la "Rapsodia de Gloria" puede ser leída como un "sueño hacia adelante", una construcción de un futuro donde la humanidad se reconozca en su potencia creadora”.
